Autismo

¿Cómo Definimos el Espectro del Autismo?

El autismo es un trastorno complejo neuroconductual caracterizado por dificultades en la interacción social recíproca, dificultades de la comunicación y la presencia de patrones repetitivos y estereotípicos de conductas, intereses y actividades. Típicamente, las primeras características comienza a ser evidentes antes de los 3 años de edad. La gravedad de las dificultades en los dominios nombrados varía de individuo a individuo; es por eso que al diagnosticar nos referimos a un “espectro.”

El deterioro de la interacción social va desde la dificultad para iniciar y mantener la interacción social, hasta el no reconocer y/o experimentar las emociones y la dificultad para procesar y apreciar los pensamientos y sentimientos de los demás. Los déficit de comunicación varían desde ninguna forma útil de comunicación hasta habilidades de lenguaje muy avanzadas, pero donde el lenguaje no es siempre utilizado de manera social. Los comportamientos repetitivos y estereotipados incluyen comportamientos perseverantes como rituales complejos, dificultad extrema para adaptarse al cambio y a la transición, y movimientos inusuales como el aleteo o el giro de las manos.

El trastorno del espectro autista es un trastorno único descrito en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5). La categoría de diagnóstico ya no incluye diagnósticos separados para el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo, no especificado de otra manera. El DSM-5 también incluye una categoría de diagnóstico relacionada, pero distinta, del trastorno de la comunicación social.

Una vez se pensaba que era poco común, hoy en día se estima que 1 de cada 68 personas es diagnosticada dentro del Espectro del Autismo.

 

Más específicamente las siguientes áreas se ven afectadas:

  • Comunicación verbal y no verbal
  • Interacción social
  • Repertorio restringido de intereses y comportamiento


Señales de Alerta
Señales de alerta entre 0 y 3 años, que indican la necesidad de proceder a una evaluación diagnóstica más amplia de forma inmediata son:

  • Retraso o ausencia del habla.
  • No presta atención a otras personas.
  • No responde apropiadamente a las expresiones faciales o sentimientos de los demás.
  • Falta de juego simbólico, ausencia de juego imaginativo.
  • No siempre muestra interés por los niños de su edad.
  • No comparte (mostrar objetos).
  • No responde adecuadamente a su nombre.
  • Alteración cualitativa en la comunicación no verbal.
  • No señala objetos para dirigir la atención de otra persona o para solicitar.
  • Falta de utilización social de la mirada.
  • No siempre inicia interacciones sociales con pares y/o adultos.
  • Reacciones inusuales o falta de reacción a estímulos que involucran los cinco sentidos.